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Pintura y Literatura en Huelma

Pintura

      La pintura que podemos ver en Huelma se limita a una Inmaculada que mece su estética en el filo de los siglos XVII y XVIII, existente en la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, y un cuadro de vocación conventual, en la sacristía del templo. El primero es de buena factura y muestra un marcado deterioro a consecuencia de una pésima restauración; el segundo, no demasiado mal tratado, debería someterse a un proceso de conservación que le devolviese su frescura. La tela presenta una de esas iconografías características de devoción conventual interna que desea despertar la devoción por algún miembro de la orden aun no reconocida por la jerarquía eclesiástica universal. Figuran en su retablo mayor, trazado según el modelo del desaparecido durante la guerra del 36 por Juan Almagro (Pegalajar, 1886-1965), cinco pinturas distribuidas en tres calles. De este plástico son también dos cuadros existentes en la ermita de la Fuensanta, cuya restauración llevó a cabo el pintor en 1940, junto a tres telas pintadas por J. Gómez.

Artistas Actuales

      Pintor, excelente grabador y gran dibujante, Andrés Barajas, nació en Huelma en 1941, trasladándose con su familia a Madrid cuando contaba 11 años. Desarrolló su formación artística en la Escuela de Artes de la misma ciudad. Es profesor de término en la Escuela de Artes y Oficios Central de la calle de la Palma desde 1983. Ha celebrado una quincena de exposiciones personales, y cuenta con paricipación en numerosas colectivas, en las que ha obtenido muchos premios. Figuran obras suyas en colecciones y museos nacionales. Su manera de hacer está centrada en el estudio de la vibración del color y la sensación de éste a través de aquellos aspectos de interpretación que el fauvismo puede tener con el expresionismo poetiado y onírico que practica; en tanto que su obra de grabador nos habla en seguida de un mundo con marcados acentos procedentes del sueño, cuyo juego visual y gráfico descansa en la gran bondad de grabador que hay en Andrés Barajas, conocedor como pocos de las posibilidades y resortes de las resinas y de la propiedad del agua fuerte en sí; acaso uno de los más contumaces dominadores de estos medios que existen dentro de la figurativa española a la hora que corre.

 

      Encarnación Quesada Bayona, "Inca", nació en Huelma, en 1955 y comenzó sus estudios artísticos en la Escuela de Artes y Oficios de Jaén donde se graduó en Decoración. En 1976 ingresó en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Jorge de Barcelona, cursando la carrera de pintura. Ha participado en numerosas colecciones colectivas y en otras personales. Pintora convencida y tenaz, su manera de hacer ha experimentado un proceso que va desde unas formas contundentes e iniciales, dejadas con brillante color, al insinuado mundo acuoso de sus mecidas formas transparentes y actuales, bien dispuestas para ser habitadas por las acuarelas más recientes de la pintora. Sin embargo, tanto en las primeras obras como en las más recientes de Inca, podemos observar el mismo pálpito e idéntico deseo de comunicación.

 

Literatura

      Las primeras referencias literarias acerca de la población, tienen ese aire fronterizo que se desarrolla cuando los testimonios están a caballo entre la literatura de tradición oral y los escritos que recogen los poetas. En el primero de los apartados, figura con derecho propio el Romancero, que recoge experiencias, consolida leyendas y forma como un magma literario, de más valor a veces que el propio dato histórico. En lo que se refiere a Huelma, sus referencias romanceriles son fronterizas, y aluden a los intentos de un grupo de moros coaligados por conquistar Alcalá la Real, para lo cual provisionalmente asolaron con diferentes acciones los lugares de nuestra población: "Caballeros de Moclín,/ peones de Colomera,/ entrado habían en acuerdo/ en su aconsejada negra, / a los campos de Alcalá! donde irían a hacer presa. / Allá lo van a hacer / a esos molinos de Huelma". La literatura señorial y nobiliaria del siglo XV, presta atención esencial a nuestras tierras. Durante la primera mitad de la centuria, el Marqués de Santillana deambuló por ellas, entre cuyas campañas figura la que acabó por rendir a las poblaciones de Huelma y de Bexix, hecho que fue muy alabado por su biógrafo principal, el también poeta Juan de Mena, el cual, en su: "Coronación del Marqués de Santillana", dedica expresivos párrafos al encuentro militar: "Capitán de la Frontera / cuando la vez postrimera / metió Huelma a sacomano". Durante este periodo militar, el Marqués de Santillana compuso en Huelma la Serranilla V, una de las más airosas de Don Iñigo, que a veces adoptaba un aire demasiado trovadoresco y encorsetado: "Pellote negro vestía / e lienzos blancos tocava, / a fuer del Andalucía, / e de alcorques se calçaba", poema en donde es fácil observar la delicada descripción indumentaria, que permite elaborar una teoría sobre la moda femenina de alta alcurnia en el siglo XV, si bien la intención básica del poeta es alertar a las damas sobre la peligrosa presencia de las avanzadillas moras en la zona.

      En el siglo XIX la figura literaria de mayor relieve, nacida en Huelma, fue la del sacerdote y teólogo José Padial y Vilches, el cual alternó su ministerio sagrado con frecuentes incursiones en la poesía, siendo representante destacado de esa generación intermedia, conocida como "poetas próceres", más versificadores expertos que creadores sensibles, llenos de excesiva hinchazón retórica de raiz neomodernista y que en nuestro autor dio como fruto el libro "Violetas", de 1916, que hasta en el título manifiesta su vinculación rubeniana.

      Ya en nuestro siglo, abundan creadores de distinta calidad y registros diversos. El más importante de todos sería Antonio Guzmán Merino, hábil redactor de prensa y guionista cinematográfico de interés, actividad en la que destacó de manera preeminente sobre el resto de las demás escrituras, en una actitud casi pionera en estas tierras, que le reportaría éxitos tan rotundos y conocidos como los guiones de películas famosísimas, del corte de "Roberto el Diablo" o "El pequeño ruiseñor". Además el autor, que como poeta lo intentó sin mucho éxito, sí que lo alcanzó como dramaturgo, estrenándose obras suyas, como "Noche de Aurora" o "Los Gonzalones" por la prestigiosa compañía de María Guerrero y Díaz de Mendoza, rindiéndose el público a su teatro de situaciones familiares, aunque también tocó el tema religioso en piezas como "Nuestro Señor. de la Vida", patrón de Bélmez de la Moraleda, con la lucha contra moros como telón de fondo de la espiritualidad popular.

      Digamos también que Antonio Justicia Vico, ha venido a ocupar un puesto importante en la poesía provincial de la segunda mitad del siglo, publicando libros como "Cortijeros" (1970) o "Desde el alféizar" (1979) que lo consagran como una voz de intenso contenido social.

© Excmo. Ayuntamiento de Huelma, 2006